EL CRECIMIENTO ECONÓMICO ESPAÑOL DESDE 1960

Las tasas de crecimiento del PIB y PIBpc probablemente son los indicadores más representativos de la salud de una economía. A través de estos, podemos explicar el crecimiento económico (incremento del valor de la corriente de bienes y servicios), y el crecimiento del nivel medio de renta por habitante, respectivamente. En esta entrada analizaré el comportamiento del PIBpc español desde la década de los sesenta hasta la actualidad, veremos qué ciclos se han dado (expansión o recesión), cuáles han sido los factores determinantes de los mismos, y cuáles son las vías o posibilidades para crecer en el largo plazo.

Entre los años 1961 y 2013 el PIBpc español ha registrado una tasa de crecimiento media anual acumulada del 3%, esto es 0,7 puntos porcentuales por encima de los países comunitarios. Este periodo, de convergencia con la media europea podemos subdividirlo en seis etapas bien diferenciadas:

-1960-1975: El desarrollismo español, etapa caracterizada por el rápido crecimiento del PIBpc y convergencia con la media europea. Especial relevancia tiene el Plan de Estabilización de 1959 que propulsó la industria española, la gran apertura exterior y la estabilidad macroeconómica (la edad del capitalismo de oro).

-1975-1984: Crisis económica y divergencia con Europa en cuanto a la evolución de la renta per cápita. Efectos de la crisis del petróleo, estanflación, así como la ruptura del orden económico pactado en Bretton Woods (inestabilidad macro, inestabilidad cambiaria).

-1985-1990: Etapa de recuperación de los 80. Evolución del PIBpc muy similar al de países comunitarios. Etapa de gran apertura exterior, y reformas estructurales derivadas de la adhesión de España a la UE en 1986.

-1991-1993: Etapa de recesión, consecuencia de una crisis financiera originada en Japón derivada del estallido de una burbuja inmobiliaria y agravada en gran medida por la Guerra del Golfo, y una nueva crisis en el precio del petróleo.

-1994-2007: Larga etapa expansiva, caracterizada por la estabilidad macroeconómica y apreciable ritmo de crecimiento de la renta per cápita. Las reformas estructurales adoptadas para la adopción de la moneda única dieron sus frutos, además, gran peso en el crecimiento de una importante actividad en el sector de la construcción, que posteriormente dio lugar a una nueva burbuja inmobiliaria y una crisis que se prolonga hasta nuestros días.

-2008-2013: Gran recesión.

Cómo podemos ver el crecimiento económico a lo largo de este periodo no ha sido sostenido, a pesar de converger con la media europea, encontramos tres periodos de expansión (1960-1975) , (1985-1990) , (1994-2007) y tres periodos de recesión (1975-1984), (1991-1993) y  (2008-2013). Los factores que caracterizan cada una de estas etapas son tanto de carácter exógeno (crisis financieras, burbujas inmobiliarias, conflictos bélicos, acuerdos y tratados internacionales, etc), como endógeno (características propias de la economía española, estructura productiva, grado de apertura, decisiones políticas, etc).

Entre los principales rasgos del crecimiento económico español en esta etapa hay que destacar que este ha superado el ritmo de avance de las economías europeas más maduras, asemejándose el perfil temporal seguido por la renta per cápita al de los países comunitarios, esto es la convergencia no sólo ha sido en términos de crecimiento sino también se ha reducido la asincronía entre los distintos ciclos de unas economías y otras. También es importante añadir que las fluctuaciones que se producen en cada una de las etapas poseen un carácter más marcado en España, siendo las etapas de recesión de mayor profundidad. Por otro lado las etapas de mayor expansión han coincidido con los momentos de mayor apertura hacia el exterior, esto es, el final de la etapa autárquica y el ingreso a la UE.

El crecimiento económico ha venido acompañado de transformaciones estructurales, principalmente de cambios en la estructura productiva, en favor de la industria y los servicios, y en detrimento de la agricultura. La productividad aparente del factor trabajo en la industria es mucho mayor que en la agricultura, y este hecho es uno de los que mejor explica el comportamiento expansivo.

Por otro lado, otra de las transformaciones fundamentales en este periodo ha sido la apertura comercial al exterior. El comercio exterior ofrece ventajas de especialización que favorecen la eficacia del proceso productivo, y por ende la capacidad de crecimiento.

Otro de los factores que han favorecido este crecimiento ha sido la mayor intervención del sector público, esto es, el mayor peso del gasto público en el PIB, que a su vez ejerce de efecto palanca motivando el consumo y la inversión. Además, este crecimiento económico ha venido acompañado de una mayor equidad en la distribución de la renta.

Hasta aquí, hemos visto a grandes rasgos como ha evolucionado el PIBpc de la economía española desde 1960 hasta la actualidad, cuáles han sido las distintas etapas, cuales son sus características fundamentales y qué transformaciones se han dado a nivel estructural para experimentar ese crecimiento económico, pero, ¿cuáles son los determinantes del crecimiento a largo plazo?

El PIBpc tiene dos vías de crecimiento, la tasa de empleo (número de ocupados en la población) y la productividad aparente del factor trabajo (lo que produce cada persona ocupada).

La primera vía, la tasa de empleo, es la vía cortoplacista, y tiene como límite la imposibilidad de aumentar el porcentaje de la población que realiza actividades productivas de manera indiscriminada. Así que dentro de los determinantes del crecimiento económico el único que puede explicar el crecimiento a largo plazo, es el incremento de la productividad aparente del factor trabajo, que a su vez depende del número medio de horas por ocupado, del nivel de capitalización y la PTF (productividad total de los factores), que es lo que entendemos por progreso tecnológico o innovación, difícilmente medible, y por ello también conocido como el Residuo de Solow.

Por tanto, podemos decir, que hay tres vías fundamentales para obtener crecimiento económico a largo plazo, una, trabajar más horas; dos,  aumentar el factor capital (infraestructuras, maquinaria, capital humano, etc); y tres, el progreso tecnológico o innovación.

Actualmente, comparando España con la Europa de los 18, y tomando como referencia el periodo 2009-2012, podemos decir que el PIBpc español está 1,29 pp por debajo de la UE18, con diferencial negativo de la tasa de empleo (-2,4pp) y diferencial positivo de 1,11pp para la productividad aparente del factor trabajo. Con esto podemos decir, que actualmente existe una brecha con respecto a la media de la zona euro, provocada principalmente por la baja tasa de empleo de la economía española. En cuestiones de productividad, la economía española se sitúa por encima de los niveles de los países comunitarios, pero hay que seguir trabajando en este sentido, vía innovación , vía capitalización; y por supuesto no descuidar la tasa de empleo, hecho que además de generar crecimiento, provoca una mejor distribución de la renta, y por tanto una mejora del estado de bienestar.

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